No sólo posee todos los elementos que asociamos con la belleza: simetría, armonía, rostro anguloso, figura esbelta, gracia en los gestos, piel tersa. No es sólo eso, y lo sabe. Cada una de sus apariciones sobre las pasarelas de la Semana de la Moda en Nueva York –que este año se realizó entre el 7 y el 13 de septiembre– fue fruto de un profesionalismo milimétrico, estudiado, esforzado. No conocemos el nombre de la modelo porque ella es, a conciencia, un medio para que se luzcan determinadas prendas. Una modelo de pasarela, en este caso preparándose para el desfile de la firma neoyorquina Tory Burch. Hace rato que estos eventos se acercan a la sofisticación de la performance; entre el estilo, el mercado y la audacia estética, la moda habla el lenguaje de lo contemporáneo. Tanto como la mujer de la foto que, rigurosa, se prepara para hacer bien su trabajo.

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