Hay personas que se enojan con mucha rapidez. Hay personas que se enojan frente a cualquier situación. Y hay personas que se enojan y mantienen el enojo durante largo tiempo. Por lo general, se trata de personalidades explosivas.
¿Cómo podemos manejar el enojo? Te comparto algunos consejos a tener en cuenta, al respecto:
1. Soltar el mito del “encendido y apagado”
Muchos expresan: “Yo no me enojo nunca, pero, cuando me enojo, exploto”. Esto es falso. En realidad, se enojan a menudo, pero no son conscientes de ello. Es errónea la idea de que las únicas alternativas posibles son no enojarse nunca o explotar. Todos nos podemos enojar en dosis pequeñas, y esto es lo que nos suele suceder.
2. Evitar los disparadores
Todos tenemos ciertos “botones” que, si son presionados, hacen que perdamos el control y nos enfademos o nos frustremos con mayor facilidad. Por lo tanto, es fundamental conocerlos, delegarlos y evitarlos.
3. “Gastar” la ira
¿Cómo se puede “gastar” esta emoción cuando aparece? Existen diversas maneras y cada uno elegirá la que más le agrade: hacer actividad física, escribir, dibujar y/o pintar, hablar, etc. De esta forma, evitamos que nuestros enojos se encapsulen y terminen alojándose en algún órgano del cuerpo.
4. El diálogo interno
Cuando nos sentimos enojados, siempre deberíamos detenernos y preguntarnos: “¿Qué me conviene hacer en esta situación?”. Lo ideal es esperar entre 20 minutos y dos horas para que el cortisol y la adrenalina disminuyan y nuestra visión pase a ser de 180°. Así, seremos capaces de pensar con calma y claridad y tomar mejores decisiones.
El enojo es una emoción normal. La violencia es una conducta y siempre es patológica. El enojo es la fuerza interna que nos permite llegar del punto A al punto B y mover la piedra en el camino, sin lastimar a aquel que colocó la piedra.

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