CÓRDOBA.- Mariela Flores, la madre de Joaquín Sperani, el chico de 14 años asesinado a golpes en Laboulaye por su mejor amigo y compañero de colegio, de 13, reveló la inquietante hipótesis que manejó la fiscalía que intervino en la investigación del homicidio: que el victimario estaba enamorado de la víctima.
Así lo dijo Flores en declaraciones periodísticas, sin ahondar en otros detalles sobre la hipótesis e investigación encaradas por el Ministerio Público Fiscal.
A las 21, vecinos, familiares y amigos partieron desde la escuela IPEM 279 donde iban los dos chicos para pedir “justicia” por el asesinato. “Queremos justicia” fue el reclamo que unió a la comunidad; hubo muchos carteles con la foto de la víctima. Unas 400 personas caminaron hasta la plaza de la ciudad. La familia Sperani pidió durante esta jornada que no los dejaran solos. Es la primera vez que hay un pedido público de estas características en la ciudad.
“Acompáñenme, necesito saber qué pasó con mi hijo. Mi hijo fue a la escuela, necesito que se hagan responsables. Fue mi hijo, un chico sano, mañana puede ser cualquiera de ustedes. Que investiguen qué está pasando ahí, porque detrás de eso, donde encontraron a Joaquín, hay algo más. Que la escuela se haga responsable. Su bicicleta quedó en la escuela y me lo entregaron en un cajón. Presiento que hay algo más, que no fue solamente Leandro, que puede haber más. Quiero que se investigue bien. Quiero todo el recorrido, verlo con mis ojos porque quiero ver con quién se cruzó”, dijo anoche Mariela. Sostiene, al igual que Ernesto, el tío de la víctima, que el chico de 13 años detenido no pudo haber actuado solo, dada la violencia extrema del ataque letal.
Joaquín y el confeso asesino eran muy amigos, y estaban siempre junto a una adolescente, compañera de la escuela, también. Por eso, les decían “los tres mosqueteros”. Pero no todo sonaba tan romántico en las vidas de los adolescentes. Los padres de la víctima afirmaron que en la escuela su hijo solía sufrir bullying. “Tenemos muchas preguntas sin respuestas”, admitió la madre de Joaquín.
Alejandra Jiménez, directora del IPEM 279, negó esa versión de la madre, pero reconoció que hace 20 días Flores se presentó al colegio para advertir que faltaban hojas en la carpeta de Joaquín. “Fue la única vez que vino; habló con la preceptora y los coordinadores. No planteó nada sistemático. El tema se trabajó en el aula; los estudiantes dijeron que era él quien regalaba las hojas”, señaló y ratificó que Joaquín y su amigo estaban “siempre juntos; salían al recreo juntos, iban al kiosco juntos”.
El crimen conmocionó a la comunidad de Laboulaye. En el velatorio se vivieron momentos de dolor y congoja. El ataúd salió cinco minutos después de las 17 de la casa funeraria y fue recibido con un aplauso por la gente que esperaba para acompañar a la familia. Partió hacia el cementerio Jesús Redentor, donde fue sepultado.
Los vecinos de esta ciudad del sur de la provincia de Córdoba no logra salir del estupor que provocó el crimen. Los vecinos conocen a las dos familias y a sus hijos, e insisten con que “nunca” habían tenido o protagonizado problemas.
A la salida del velatorio, los padres de la víctima y sus tres hermanos más chicos recibieron muchos abrazos y saludos de la amigos, allegados y conocidos. Mariela Flores, visiblemente angustiada, rechazó ir en una ambulancia en el cortejo. Fue al cementerio con su familia.
El coche fúnebre pasó por la puerta de la escuela, donde había un cordón realizado por los alumnos de la entidad donde iba Joaquín y también por el club Huracán donde él hacía fútbol y donde lo esperaban los jugadores de las divisiones inferiores.
Por la sala de la Cooperativa FEL pasaron familiares, amigos y compañeros tanto de Joaquín como de su su madre y de su padre, Martín Sperani, quien trabaja como camionero de un molino de la zona. El hombre contó que su hijo lo acompañaba “mucho” en el camión y que le gustaba “todo lo relacionado” al transporte pesado. “Soñaba con tener un campo”, dijo.
Aunque la familia de Joaquín y la de su victimario eran amigas y tenían vínculo cercano, no volvieron a tener contacto desde el sábado pasado, cuando una videocámara registró a los chicos saliendo juntos del Instituto Provincial de Enseñanza Media (Ipem) 278 Malvinas Argentinas. Después, se ve al sospechoso regresar corriendo a la escuela.
Con 14 años, Joaquín jugaba al fútbol en el club Huracán de Laboulaye, donde era arquero, y también practicaba tae-kwondo con su padre. ”Se sabía defender; por eso estoy seguro de que lo golpearon de atrás. Su cuerpo estaba boca abajo, según describió mi sobrina. Tiene un lado de la cara hinchada, igual que el ojo”, dijo Martín Sperani, el padre de la víctima.
Jiménez, la directora de la escuela detalló que Joaquín asistía al establecimiento desde primer año, en cambio su amigo ingresó en este 2023 porque iba a otro colegio y sus padres decidieron cambiarlo. “Ambos iban al mismo curso por pedido de ambas familias ya que son amigas. Los papás decidieron que los pusieramos juntos. Ellos eran amigos desde la primaria”, declaró a LV20 Radio Laboulaye.
La víctima era introvertida, callada. El jueves pasado fue la última vez que Joaquín fue visto con vida. Salió de su casa a la hora de la siesta para ir al instituto, pero nunca entró a la clase. Sí, dejó la bicicleta en el patio. Flores hizo la denuncia por la desaparición de Joaquín la noche del jueves.
El teléfono, una clave
El padre de la víctima relató que estuvo con el chico detenido y con sus padres. Incluso afirmó que el adolescente lo abrazó. “Abracé a sus padres y los consolé cuando su hijo declaraba. Yo les decía ‘tranquilos, lo vamos a encontrar”, precisó.
Anteayer, el sospechoso entregó el celular de Joaquín a la policía; fue después de que el padre de la víctima detectara en las cámaras que ese teléfono que se veía en las manos del amigo podía ser de su hijo. Horas después se autoincriminó. “Sí yo lo maté”.
Cuando los investigadores le indicaron que les había dado el teléfono, Martín Speroni pidió verlo para confirmar si era el aparato. “Yo le había dado el mío. Tenía el vidrio roto, les di el patrón para abrirlo. Me lo trajeron, lo pudimos abrir”, detalló. Desde entonces no habló más con el chico detenido ni con sus padres. Esa familia vive en las afueras de Laboulaye, donde tienen un tambo pequeño. El adolescente no tiene hermanos.
Desde ayer está alojado en el Complejo Esperanza, de la ciudad de Córdoba. En las próximas horas, se llevarán a cabo una serie de estudios psicosociales y ambientales, ordenados por el juez Penal Juvenil, Sebastián Moro.
El magistrado ya habló personalmente con el niño y también con sus padres. El juzgado precisó que, en la situación de adolescente no punible, ya está interviniendo la Secretaría de Niñez Adolescencia y Familia (Senaf).
La autopsia, realizada en Río Cuarto, determinó que Joaquín murió a causa de un traumatismo de cráneo producto de un golpe por detrás que le provocó daño encefálico. Tenía marcas de unos diez ataques. La muerte fue “inmediata”. En el cuerpo no hay señales de que haya intentado defenderse.

Similares
Mapas de Cartas de suelos suman datos de San Justo y de capacidad de agua disponible
Las bolsas de cereales y comercio del país se expidieron sobre la eliminación de las retenciones
Región Centro: jóvenes dirigentes agropecuarios elaboraron propuestas para fortalecer el sector