Quizás uno de los mejores momentos que ofrece el mar sea el instante entre la noche y el amanecer, cuando la mayoría de los seres humanos duerme y el mundo que los cobija también parece reposar. Así lo captura esta imagen, tomada luego de unas tormentas que se abatieron sobre el Báltico pero que, a juzgar por lo que se ve aquí, no dejaron demasiada huella. Todo descansa: las sillas que en unas horas recibirán a los veraneantes, el agua, la arena, la luz. “Nocturno mar sin espuma en los labios,/nocturno mar sin cólera, conforme/con lamer las paredes que lo mantienen preso”, escribió Xavier Villaurrutia. La calma de la que habla se ajusta bien a la de este amanecer en las costas donde Alemania se funde con el Báltico. En paralelo, el contraste: las noticias donde ese mar no asoma como límpido paisaje marino, sino como territorio abierto a los ecos de la guerra.

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