Sin datos ni contexto a mano, podría pensarse que esta imagen es una instalación, el ensayo de un artista visual, la recreación de algún tipo de juego, quizás una miniatura. Desde ya que no es ninguna de esas cosas, sino el registro aéreo de una tragedia. O, para ser más precisos, el registro de aquello que rodeó a la verdadera catástrofe. La semana pasada, en el sur de Brasil, el paso de un ciclón dejó un cruel saldo de muertos y desaparecidos. Lo que aquí vemos es lo que quedó de un cementerio en Caraá, Rio Grande do Sul, tras el paso del viento, las lluvias, la inundación. Las tumbas alteradas, el estropicio, hasta el auto que, sin dudas arrastrado por la corriente, terminó varado entre lápidas y sepulturas. A veces lo que rodea al desastre, su impacto en los objetos, habla del dolor y la pérdida con igual intensidad que el testimonio vivo, crudo y sonoro, de la voz de los afectados.

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