Cada comienzo de marzo en Burdeos, al sudoeste de Francia, hay fiesta. Se festeja el Carnaval de deux rives, celebración hija de las políticas públicas francesas e impulsada a mediados de los noventa como un modo colorido, disfrutable y sonoro de fortalecer el lazo social. Cada año, el Carnaval elige homenajear a un país, y propone a músicos, artistas visuales y bailarines dar rienda suelta a la imaginación y pensar modos renovados de aludir a otras regiones del mundo. Brasil, Guadalupe, Turquía y España, entre muchos otros, fueron parte de este despliegue anual. En 2024, el elegido fue el oeste de África, encarnado en las máscaras Kanaga (características de Mali). Y se abrió el juego, las creaciones ahondaron en la historia, la crisis ambiental, el pasado. el presente: pulso salvaje del carnaval, permisos para nombrar ciertas heridas, música, color y sudor para recrearlas.

Similares
Presentaron en la Rural de Palermo la Conferencia Mundial de Investigación en Soja 2027
Presetnaron resultados de ensayos en soja tardía para el norte de Córdoba
El “semáforo” de las napas: productores de Carlos Tejedor logran predecir el comportamiento del agua tras 18 años de estudios