Si algo le faltaba al crónico conflicto educativo para complicarse aún más justo antes del inicio de clases es la pelea entre el gobierno nacional y los mandatarios provinciales. El ya remanido “no hay plata” de Javier Milei impacta de lleno en los fondos que, hasta ahora, la Casa Rosada enviaba a las provincias para financiar parte del sistema. Sumado, claro está, a los reclamos de los gremios docentes, más duros este año por la fuerte pérdida del poder adquisitivo de sus salarios. Como trasfondo, el deterioro de la formación de los alumnos argentinos se profundiza y se hace cada vez más evidente.
Ejemplo concreto, más allá de las cifras: “Perdone, no entendí bien sus indicaciones porque no puedo leer en cursiva”. La adolescente de 14 años ayuda a su madre en tareas de limpieza de casas de verano, y se disculpó así ante el pedido de la dueña de casa, detallado en un listado por escrito. “Mi letra es muy clara”, me dijo la señora, sorprendida y casi disculpándose ella por el mal momento pasado. Es que no era una dificultad derivada de estar habituada a leer en imprenta en dispositivos electrónicos, como podría ser el caso de muchos jóvenes. Era la evidencia real de una inmensa tragedia educativa.

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