Hay imágenes que tienen la sugerencia de un haiku, y probablemente éste sea un caso. Porque si toda fotografía es la captura de un instante, en la que observamos aquí late, además, cierta sustancia, una brevedad, un plus de sentido, la potencia de la sensación en lo que tiene de frescura, inmediatez, hondura, enigma. “El haiku reproduce el gesto indicativo del niño que muestra con el dedo alguna cosa, diciendo tan solo: ¡esto!, ¡mirá allá!, ¡oh!, ¡ah!”, escribió Roland Barthes. El autor de esta foto señala una gaviota, nos invita a mirarla en el atardecer y además nos dice que allá está lo inalcanzable del mundo, su gentileza, su silencio. El fotógrafo apunta la cámara y nos anima a ver la sólida, vibrante y austera presencia de lo vivo. Borges también sintió el llamado de los poemas japoneses: “La vasta noche/no es ahora otra cosa/que una fragancia”, escribió.

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