7 de abril de 2026

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Milei prometió severidad contra la inseguridad y le dio un lugar relevante a la Corte Suprema en su asunción

El presidente Javier Milei prometió ser duro y severo en la aplicación de la ley para acabar no solo con el “baño de sangre” que genera la inseguridad, sino también con la corrupción. También colocó en un papel relevante a la Corte Suprema de Justicia de la Nación en esta tarea.

Milei comenzó su discurso ante la multitud nombrando en primer lugar a los jueces de la Corte, y luego a los diputados, senadores y mandatarios extranjeros que llegaron para la asunción presidencial. Se acercó y los saludó.

Los altos magistrados no estaban allí, en las afueras del Congreso, con los mandatarios invitados, bajo el rayo de sol, sino que se quedaron en el interior del recinto legislativo, desde donde siguieron el discurso presidencial a través de una pantalla.

Estaban sentados, junto al estrado donde se produjo la jura, uno junto a otro primero Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, presidente y vice de la Corte, y luego Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorezentti, que llegaron todos juntos en una camioneta van desde el Palacio de los Tribunales donde se encontraron. Luego ingresaron todos juntos por un acceso posterior del edificio del Senado con los invitados especiales.

Estaban sentados cerca del flamante ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, y su colega ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que hablaban animadamente.

Al llegar, Cúneo Libarona dijo que espera que la gente “vea que tenemos una justicia fantástica” y que “tenga la sensación de que estamos trabajando mucho, mucho porque somos servidores del pueblo”. Y pronóstico que la relación del Gobierno con la Corte será “cordial y respetuosa”, conforme a la Constitución, cordialidad e independencia, que trabaje,

“Estamos muy mal vamos a hacer el mejor esfuerzo con un equipo increíble, con un presidente muy capaz y una magnifica vicepresidenta, vamos a hacer una máximo esfuerzo”, para revertir la situación del país, sostuvo el ministro antes de ingresar al Congreso.

Tras la jura, a la hora del discurso en la plaza, mayoritariamente económico, Milei tuvo un momento para detenerse y destacar la importancia de la aplicación de la ley. Dijo que la inseguridad provoca “un baño de sangre” y que “los delincuentes caminan libremente por las calles y los ciudadanos quedan y tras las rejas”.

“El narcotráfico se apoderó de las calles”, señaló y refiriéndose a Rosario sin nombrarla, dijo que fue tomada de rehén por los narcotraficantes. Sostuvo que las fuerzas de seguridad fueron “humilladas y abandonadas”, quedaron fuera de la consideración de la política.

Como ocurrió con otros aspectos del discurso, Milei se limitó a hacer su diagnóstico del tema de la Justicia y de la inseguridad, pero no brindó detalles de lo que piensa instrumentar ni medidas concretas.

En ese momento la multitud que se había reunido en la Plaza del Congreso empezó a gritar “¡Policía!, ¡policía!”. Entre ellos incluso había algunos punguistas que aprovecharon para robar celulares a los partidarios de Milei.

“La anomia es tal que solo el 3% de los delitos son condenados”, afirmó Milei en un mensaje a la Justicia, de la que espera que esa cifra se modifique y que se aplique la ley con severidad. “Se acabó el siga siga para los delincuentes”, graficó.

Al referirse a la situación social, una vez más se apoyó en el cumplimiento de la ley para advertir que “el que las hace las paga” y que aquellos que protesten cortando una calle, no van a cobrar ni planes sociales ni subsidios. “El que corte no cobra” señaló, e insistió con la idea de que “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”. La multitud rugió y aplaudió el anuncio del presidente, que iba leyendo su discurso, pausado, pero se retuvo en este punto.

Aseguró que no se iba a “dejar extorsionar que utiliza a los que menos tienen para enriquecerse a ellos mismos”.

En cuanto a la clase política, dijo que no venía a “perseguir a nadie o a salvar viejas vendettas o disputar espacios de poder”, sino que se trata de un proyecto de país “donde no vamos a tolerar que la hipocresía, la deshonestidad o la ambición de poder, interfiera con el cambio que los argentinos elegimos”.

No obstante dijo que “recibía con los brazos abiertos” a los dirigentes políticos, sindicalistas y empresariales que “quieran sumarse a la nueva Argentina”,

Dijo que lo hacía “no importa de donde vengan, ni que hallan hecho antes, sino hacia donde quieren ir”, en una frase que tuvo un aroma a olvido de los pecados del pasado. Insistió que no se iba dejar “extorsionar” por aquellos que buscaban impedir los cambios.